Frida Kahlo’s “world as a garden”

Updated: Apr 6



Frida Kahlo was known for her portraits and work inspired by Mexican culture, and her paintings mixed realism with folk art. She loved biology and had planned to go to medical school, but returned to her interest in art while in recovery from the accident which came to turn her life around. Painting was her way of exploring humanity, her national identity, the natural world, and her experience of chronic pain.


Her paintings of nature provide valuable insight into her worldview. Kahlo’s still lifes were vibrant and often showed changes in state of the subject; the last painting she completed before her death, a still life called Viva La Vida, is no exception.




The excitement of this painting comes from its vibrance and vigour. The title becomes even more poignant knowing that she painted it eight days before her death, exclaiming her appreciation for a life lived and attempting to share that appreciation with others.

As a child, Frida Kahlo gathered plant specimens from local parks, and dreamed of studying biology, zoology, and anatomy. These childhood interests are just one sign of Kahlo’s admiration for life of all kinds. Her recognition of nature’s value and interconnectedness is clearer than ever in Naturaleza Viva. The title is a play on words of the Spanish for still life (naturaleza muerta: literally “dead nature”); she includes the sun and the moon, animal life, and plant life, and links the fruit together by roots which spell out the title (literally “living nature”). Kahlo was recovering from a stay in hospital when the work was commissioned and painted, and through this link, she rejects the “dead” implications of still life, showing that nature functions as a living system.



Part of why her work is so unique comes from the relationship she depicts between humanity and nature. She synthesises ancient and current, foreign and native, and nature and human, allowing her paintings to transcend binaries and come closer to the reality of things: all life is interconnected and interdependent. This can perhaps be better expressed in Kahlo’s own words:


“They thought I was a Surrealist, but I wasn't. I never painted dreams. I painted my own reality.”


Her work remains relevant to conversations about environmentalism and climate justice; as humans, we cannot separate ourselves from nature. We are intrinsically linked to it, and to look after nature is to look after ourselves.

Author Carlos Fuentes summarised her perspective well, saying that Frida Kahlo was “in love with the world. In love with everything that was alive: her love for the little dogs and the flowers and the monkey and all things that appear in her painting. She sort of sacralises the world; she sacralises everything she touches. She’s in love with the world as a garden.” Perhaps we can all learn and benefit from adopting such a mindset.

(Versión en español)

Frida Kahlo era conocida por sus retratos y obras inspiradas en la cultura mexicana, y sus pinturas mezclan el realismo con la fantasía. Le interesaba la biología y había planeado estudiar medicina, pero volvió a interesarse por el arte mientras se recuperaba del accidente que cambió su vida. Utilizó la pintura como medio para explorar la humanidad, el mundo natural, su identidad nacional y su experiencia de dolor crónico.

Sus pinturas de la naturaleza proporcionan una valiosa perspectiva sobre su cosmovisión. Las naturalezas muertas de Kahlo eran vibrantes y a menudo mostraban cambios en el estado del sujeto; el último cuadro que completó antes de su muerte, una naturaleza muerta llamada Viva la Vida, no es una excepción. La emoción de este cuadro se debe a su vitalidad y vigor. El título se vuelve aún más conmovedor al saber que lo pintó ocho días antes de su muerte, exclamando su aprecio por una vida vivida e intentando compartir ese aprecio con los demás.

De niña, Frida Kahlo recogía especímenes de plantas en los parques locales y soñaba con estudiar biología, zoología y anatomía. Estos intereses infantiles son sólo una muestra de la admiración de Kahlo por la vida de todo tipo. Su reconocimiento del valor y la interconexión de la naturaleza es más claro que nunca en Naturaleza Viva. El título es un juego de palabras de la “naturaleza muerta”; incluye el sol y la luna, la vida animal y la vida vegetal, y une los frutos mediante raíces que deletrean el título. Kahlo se estaba recuperando de una estancia en el hospital cuando le encargaron la obra y la pintó, y a través de este vínculo, rechaza las implicaciones de muerte en la naturaleza muerta, mostrando que la naturaleza funciona como un sistema vivo.

Parte de las razones por la que su obra es tan singular proviene de la relación que representa entre la humanidad y la naturaleza. Sintetiza lo antiguo y lo actual, lo extranjero y lo autóctono, y la naturaleza y el ser humano, lo que permite que sus cuadros trasciendan los binarios y se acerquen a la realidad de las cosas: toda la vida está interconectada y es interdependiente. Esto quizá pueda expresarse mejor con las propias palabras de Kahlo:


"Pensaban que era una surrealista, pero no lo era. Nunca pinté sueños. Pinté mi propia realidad".


Su obra sigue siendo relevante en las conversaciones sobre el ecologismo y la justicia climática; como humanos, no podemos separarnos de la naturaleza. Estamos intrínsecamente ligados a ella, y cuidar de la naturaleza es cuidar de nosotros mismos.




El escritor Carlos Fuentes resumió bien su perspectiva diciendo que Frida Kahlo estaba "enamorada del mundo. Enamorada de todo lo que estaba vivo: su amor por los perritos y las flores y el mono y todas las cosas que aparecen en su pintura. En cierto modo, sacraliza el mundo; sacraliza todo lo que toca. Está enamorada del mundo como un jardín". Tal vez todos podamos aprender y beneficiarnos de adoptar esa mentalidad.

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